Archivos Mensuales: marzo 2012

Capítulo 3 de Moonsong — The Hunters — The Vampire Diaries (L. J. Smith)

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3

Traducido por Mais020291

Corregido por Nikola

Bonnie arregló sus rulos rojos mientras se apuraba a través del enorme césped de Dalcrest.

Era tan hermoso aquí. Pequeños caminos de laja bordeaban el céspeden dirección a los varios tipos de dormitorios y salones de clase. Flores brillantes y de colores,petunias, alegrías, margaritas, estaban creciendo por todos lados, por los lados del camino y en frente de los edificios.

El escenario humano es bastante hermoso también, pensó Bonnie, mientras miraba disimuladamente a un chico de bronce acostado en una toalla, cerca del borde del césped. Aunque, no lo suficientemente disimulada, el chico levantó su cabeza peluda y le guiñó. Bonnie se rió y caminó más rápido, con sus mejillas sonrojadas. Honestamente, ¿él no debería estar desempacando o estableciendo su habitación o algo parecido? No sólo estar recostado medio desnudo y guiñando a cualquier chica como un gran… coqueto.

La mochila con las cosas que Bonnie había comprado en la librería del campus chocó gentilmente en su mano. Por supuesto, ella no había podido comprar libros todavía, así cómo no se podían inscribir en las clases hasta el día siguiente, pero resultó que la librería vendía de todo. Ella había conseguido grandes cosas: una taza de Dalcrest, un oso de peluche utilizando un polo con el logo de Dalcrest, y un par de cosas que serían muy útiles, como un organizador eficiente para la ducha, para poner las cosas de higiene, y una colección de lapiceros de cada color del arcoíris. Tenía que admitir que estaba emocionada por empezar la universidad.

Bonnie movió la bolsa a su mano izquierda y flexionó sus dedos acalambrados de la derecha. Emocionada o no, todas estas cosas que había comprado eran pesadas.

Pero las necesitaba. Este era su plan: iba a convertirse en una nueva persona en la universidad. No completamente nueva; se gustaba en sí, en su mayoría. Pero se iba a convertir más en una líder, más madura, el tipo de persona donde la gente decía: “Pregúntale a Bonnie”, o “Confía en Bonnie”, en lugar de, “Oh, Bonnie”, que era completamente diferente.

Estaba determinada a salir de las sombras de Meredith y Elena. Ambas eran estupendas, por supuesto, sus absolutas mejores amigas, pero ellas ni siquiera se daban cuenta de lo terriblemente a cargo que estaban todo el tiempo. Bonnie quería convertirse en una persona estupenda, completamente a cargo, a su propia merced.

Además, tal vez conocería a un chico realmente especial. Que sea lindo. Bonnie no podía culpar ni a Meredith ni a Elena por el hecho de que toda la vida en la secundaria, habían tenido varias citas, pero ningún enamorado serio. Pero, el simple hecho era que, incluso si todo el mundo creía que eras linda, si tus mejores amigas eran hermosas, inteligentes y poderosas, el tipo de chico que buscaba enamorarse, podía encontrarte en comparación, menos… brillante.

Aunque tenía que admitir que estaba aliviada de que ella, Meredith y Elena estuviesen viviendo juntas. No quería estancarse en sus sombras, pero ellas aún eran sus mejores amigas. Y, después de todo…

Un ruido sordo. Alguien se golpeó contra Bonnie y perdió el hilo de sus pensamientos completamente. Ella dio unos pasos hacia atrás. Un cuerpo de hombre se tambaleó contra ella, de nuevo, y, en poco tiempo, golpeó su rostro contra su pecho y ella tropezó, cayendo al lado de otra persona. Había chicos por todos lados, empujándose entre ellos, bromeando y argumentando, sin prestarle atención, como si ella estuviese metiéndose entre ellos; hasta que de pronto una mano fuerte la sujetó en medio de la confusión.

Cuando encontró sus pies, estos estaban moviéndose de nuevo, cinco o seis cuerpos de hombre deslizándose y empujándose entre ellos, sin detenerse para disculparse, como si no se hubiesen dado cuenta de ella, como si fuera nada más que un obstáculo inanimado en su camino.

Excepto por uno de ellos. Bonnie se encontró observando una camisa azul y un torso delgado con buenos brazos musculosos. Se enderezó y se acomodó el cabello, y la mano que agarraba su brazo la soltó.

—¿Estás bien?—preguntó una voz suave.

Estaría mejor si casi no me hubieses lanzado al suelo, Bonnie estaba a punto de decirlo. Se le había cortado la respiración, y su mochila estaba pesada, y este chico y sus amigos seriamente necesitaban observar hacia dónde estaban yendo. Luego, miró hacia arriba, y sus ojos se encontraron con los de él.

¡Caray! El chico era hermoso. Sus ojos eran claros, realmente azules, el azul del cielo en madrugada o en una mañana de verano. Sus facciones eran pequeñas, las cejas arqueadas, los pómulos salientes, pero su boca era suave y sensual. Y, ella nunca había visto ese color de cabello antes, excepto en los niños pequeños, ese rubio blanquecino puro que hacía pensar en playas tropicales debajo del cielo de verano…

—¿Estás bien? —repitió él más fuerte, un gesto de preocupación arrugando su frente.

Bien. Bonnie podía sentir cómo se sonrojaba desde sus pies hasta las raíces de su cabello. Acababa de estar mirándolo con la boca abierta.

—Estoy bien—dijo, intentando mantenerse de pie—. Supongo que no estaba mirando hacia dónde iba.

Él sonrió, y un pequeño silbido corrió a través de Bonnie. Su sonrisa era hermosa, también, y levantaba todo su rostro.

—Eso es lindo de tu parte—dijo él—, pero creo que tal vez nosotros deberíamos haber estado mirando hacia dónde íbamos en lugar de empujarnos entre nosotros por todo el camino. Mis amigos a veces se ponen un poco… rudos.

Él miró más allá, y Bonnie miró por encima de su hombro. Sus amigos se habían detenido y estaban esperándolo más abajo. Mientras Bonnie observaba, uno de ellos, un chico alto y moreno, golpeó a uno de ellos en la parte de atrás de la cabeza, y un momento después estaban golpeándose y empujándose de  nuevo.

—Sí, ya puedo ver eso—dijo Bonnie, y el chico hermoso rió. Su risa hizo que Bonnie también sonriera y regresó su atención a esos ojos.

—Bueno, por favor, acepta mi disculpa —dijo él—. Estoy realmente apenado. —Sostuvo su mano—. Mi nombre es Zander.

Su apretón era lindo y firme, su mano larga y cálida alrededor de la de ella. Bonnie sintió que se sonrojaba de nuevo, y arrojó sus rulos rojos hacia atrás y pegó la barbilla con valentía en el aire. No iba a actuar toda nerviosa. ¿Y, qué importaba si él era hermoso? Ella era amiga, de alguna manera, con Damon. Ella tenía que ser inmune a los chicos hermosos por ahora.

—Soy Bonnie—dijo ella, sonriéndole—. Este es mi primer día aquí. ¿También eres estudiante de primer año?

—Bonnie—dijo pensativamente, diciendo su nombre como si lo estuviera degustando—. No, ya estoy aquí hace un tiempo.

—Zander… Zander. —Los chicos empezaron a cantar, sus voces tornándose más rápido y fuertes mientras repetían—. Zander… Zander… Zander.

Zander hizo una mueca, su atención regresando hacia sus amigos. —Lo siento Bonnie, tengo que irme—dijo—. Tenemos una clase de…—Se detuvo—. Una cosa del club. Pero, como dije, estoy muy apenado, casi te golpeé. Espero pronto verte de nuevo, ¿está bien?

Él sacudió su mano una vez más, le dio una pequeña sonrisa y se fue, caminando más rápido cuando se acercó a sus amigos. Bonnie lo observó reunirse a su grupo de chicos. Justo antes de doblar, Zander volteó la vista hacia ella, hizo esa hermosa sonrisa, y agitó su mano en señal de despedida.

Bonnie alzó su mano para despedirse de vuelta, accidentalmente chocando su pesada mochila contra su costado mientras él se alejaba de su vista.

Increíble, pensó, recordando el color de sus ojos. Puede que me esté enamorando.

***

Matt se apoyó en la pila tambaleante de maletas que había agrupado en la entrada de su habitación. —Maldita sea—dijo al tiempo que intentaba abrir la puerta. ¿Le habían dado la llave correcta?

—¡Hola!—Una voz dijo detrás de él, y Matt se sacudió, dejando caer una maleta en el suelo—. Ups, lo siento por eso.  ¿Eres Matt?

—Sí—dijo Matt, intentando abrir una vez más la puerta, pero finalmente lo consiguió. Él volteó, sonriendo—. ¿Tú eres Christopher?—La universidad le había dicho el nombre de su compañero de cuarto y que él también estaba en el equipo de fútbol, pero los dos no se habían visto.

Christopher se veía bien. Él era un chico grande con un buen cuerpo, una sonrisa amigable y cabello corto. Él se pasó la mano por el cabello mientras retrocedía para dar lugar a la pareja alegre que estaba detrás.

—Hola, tú debes ser Matt—dijo la mujer, que estaba llevando una alfombra enrollada y un banderín de Dalcrest—. Soy Jennifer, la madre de Christopher, y este es Mark, su padre. Es un placer conocerte. ¿Tus amigos están por aquí?

—Eh, no, acabo de llegar por mi cuenta—dijo Matt—. Mi casa, en Fell’s Church, no está lejos de aquí —cogió sus maletas y las colocó dentro de la habitación, apurándose para alejarse de la familia de Christopher.

El cuarto era bastante pequeño. Había una litera por la pared, un pequeño espacio en mitad de la habitación y dos mesas y roperos, uno al lado del otro, en la otra pared.

Las chicas y Stefan, sin duda estaban viviendo con lujo, pero no se veía muy bien que Stefan use su Poder para encontrar una vivienda digna para Matt. Ya se veía lo suficientemente mal que Matt tome la vacante de otro estudiante y el espacio de alguien más en el equipo de fútbol.

Stefan le había hablado sobre eso. —Mira, Matt. —Él había dicho, sus ojos verdes serios—. Entiendo cómo te sientes. A mí tampoco me gusta influenciar en las personas para obtener lo que quiero. Pero el hecho es que, necesitábamos quedarnos juntos. Con las líneas de Poder que corren por toda la parte del país, tenemos que estar en guardia. Nosotros somos los únicos que sabemos.

Matt tuvo que estar de acuerdo cuando Stefan se lo puso de esa manera. Tuvo que rechazar la habitación de la residencia lujosa que Stefan había arreglado para él, y tomó lo que la oficina de vivienda le había asignado. Tuvo que aferrarse, al menos, a una pizca de su honor. Además, si él estaba en la misma habitación que los demás, hubiese sido difícil rechazar el compartir cuarto con Stefan. Le caía bien Stefan, pero la idea de vivir con él, de observarlo con Elena, la chica que Matt casi pierde y seguía amando a pesar de lo que había pasado, era mucho. Y, sería divertido conocer nuevas personas, expandir sus horizontes después de haber pasado toda su vida en Fell’s Church.

Pero la habitación era horriblemente pequeña.

Y, parecía que Christopher tenía un montón de cosas. Él y sus padres subían y bajaban las escaleras, transportando un sistema de sonido, una pequeña refrigeradora, un televisor, una Wii. Matt empujó sus tres maletas en la esquina y lo ayudó a traer todo.

—Por supuesto que compartiremos el refrigerador y las cosas de entretenimiento —dijo Christopher, mirando las maletas de Matt, que estaban llenas de nada más que ropa y tal vez algunas sábanas y toallas—. Si llegamos a descubrir dónde podemos poner todo. —La mamá de Christopher estaba rondando por todo el cuarto, ordenando a su padre en dónde poner las cosas.

—Perfecto, gracias…—empezó a decir Matt, pero el papá de Christopher, después que finalmente había colocado el televisor encima de los roperos, se volteó a mirar a Matt.

—Oye—dijo—. Me acabo de dar cuenta, si eres de Fell’s Church, ustedes fueron los campeones de estado el año pasado. Tú debes ser un jugador. ¿En qué posición juegas?

—Eh, gracias—dijo Matt—. Soy jugador de ataque.

—¿De la primera cadena?—preguntó el papá de Christopher.

Matt se sonrojó. —Sí.

Ahora todos lo estaban mirando.

—¡Caray!—dijo Christopher—. Sin ofender hombre pero, ¿por qué estás viniendo a Dalcrest? Digo, estoy emocionado por jugar, pero podrías haber ido por ejemplo a, División Uno.

Matt se encogió de hombros incómodo. —Eh, tuve que quedarme cerca a casa.

Christopher abrió su boca para decir algo más, pero su madre le dio una pequeña sacudida en la cabeza y él la cerró de nuevo. Genial, pensó Matt. Probablemente piensan que tengo problemas familiares.

Tenía que admitir que le preocupada un poco el estar con personas que conocían lo que él había dejado. Las chicas y Stefan realmente no entendían el fútbol. Aunque Stefan había jugado en el equipo de secundaria del colegio con él, su posición media era más que todo del tipo aristocrático de la época Renacentista Europea: los deportes eran pasatiempos divertidos que mantenían el cuerpo en forma. A Stefan realmente no le importaba.

Pero Christopher y su familia entendían lo que significa dejar pasar la oportunidad de jugar en un equipo universitario de fútbol de alto rango.

—Entonces—dijo Christopher de pronto, como si estuviera pensando cómo cambiar de tema—, ¿qué cama quieres? A mí no me importa si me toca arriba o abajo.

Todos miraron hacia la litera, y fue ahí cuando Matt lo vio por primera vez. Debió de haber llegado cuando él estaba ayudando a Christopher con sus maletas. Un sobre crema estaba encima de la litera inferior, hecha de un papel grueso como si fuera una invitación a una boda. Al frente estaba escrito en caligrafía: “Matthew Honeycutt”.

—¿Qué es eso, querido?—preguntó curiosa la madre de Christopher.

Matt se encogió de hombros, pero él empezaba a sentir un repiqueteo de excitación en su pecho. Había escuchado algo sobre que ciertas personas en Dalcrest recibían invitaciones, unas que recientemente habían aparecido pero que él siempre pensó que eran un mito.

Moviendo el sobre hacia un lado, vio un sello azul de cera teniendo la impresión de una decorada letra V.

Huh. Después de mirar el sobre por unos segundos, él lo dobló y lo metió en su bolsillo trasero. Si es que pensaba lo que era, se supone que lo tenía que abrir cuanto estuviera solo.

—Supongo que es el destino diciéndonos que la litera de abajo es tuya—dijo Christopher amigablemente.

—Sí—dijo Matt distraído, su corazón latiendo rápido—. Discúlpenme por un minuto, ¿está bien?

Salió hacia el pasillo, tomó un gran respiro y abrió el sobre. Adentro había más de ese papel grueso con la caligrafía y una estrecha franja de tejido negro. Él leyó:

Fortis Aeturnus

Por generaciones, los mejores y más inteligentes de la Universidad de Dalcrest, han sido escogidos para unirse a la Sociedad Vitale. Este año, tú has sido seleccionado.

Deseamos que aceptes este honor y te conviertas en uno de nosotros; ven mañana por la noche, a las ocho en punto, a la entrada principal del campus. Debes estar con los ojos vendados y vestido como si fuese una ocasión seria.

No le digas a nadie.

El pequeño pulso de excitación en el pecho de Matt se incrementó hasta que pudo escuchar el latido de su corazón en sus oídos. Se dejó caer a lo largo de la pared y tomó un gran respiro.

Había escuchado historias de la Sociedad Vitale. Se decía que el grupo de actores conocidos, escritores famosos, y generales de la Guerra Civil con los que contaba Dalcrest dentro de sus alumnos, eran miembros. El pertenecer a esta sociedad legendaria se supone que aseguraba tu éxito, te relacionaba con una red secreta increíble que te ayudaba por toda tu vida.

Y, más que eso, se hablaba de hechos misteriosos, de secretos revelados sólo a los miembros. Y, se supone que tenían fiestas impresionantes.

Pero sólo eran rumores, las historias de la Sociedad Vitale, y nadie se atrevía a admitir que pertenecía ahí. Matt siempre pensó que la sociedad secreta era un mito. La universidad en sí, rechazaba vehemente cualquier conocimiento de esta Sociedad, y Matt creía que la gente que trabajaba en admisión había inventado todo eso, intentando hacer parecer la universidad un poco más exclusiva y misteriosa de lo que realmente era.

Pero ahora, él miró el papel crema entre sus manos, estaba la evidencia, que todas esas historias podían ser verdad. Podía ser una broma, suponía, un truco de alguien que estaba jugando con los recién llegados. Aunque, no se sentía como un juego. El sello, la cera, el papel costoso; todo parecía como un gran esfuerzo, no tenía sentido que todofuera una broma.

La sociedad más exclusiva, más secreta en Dalcrest, era real. Y ellos lo querían a él.

2.- Saga Vampire Academy — Frostbite (Richelle Mead).

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Frostbite

Rose Hathaway tiene un grave problema con los chicos. Su guapísimo tutor, Dimitri, está interesado en otra, su amigo Mason está muy colado por ella y no puede evitar meterse en la cabeza de su mejor amiga Lissa, cuando esta con su novio, Christian.

Entonces el enorme ataque strigoi pone en alerta máxima a St. Vladimir, y la academia se llena de Guardianes, incluyendo a la legendaria ausente madre de Rose. Los strigoi se están acercando y la academia no desea correr ningún riesgo. Este curso, el viaje vacacional anual de esquí a St. Vladimir es obligatorio.

Pero el deslumbrante paisaje invernal y el lujoso complejo en Idaho tan sólo proporcionan una falsa sensación de seguridad. Cuando tres estudiantes huyen para encontrarse de nuevo con el mortífero ataque de los strigoi, Rose debe unir fuerzas con Christian para rescatarlos. Sólo que esta vez, Rose, y su corazón, corren un peligro mayor de lo que jamás podría haber imaginado.

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Traducido en Purple Rose

1.- Saga Vampire Academy — Vampire Academy (Richelle Mead).

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Hola chicas que leen y no comentan. xD Sé que he estado medio ausente con las entradas al blog, supongo que de alguna forma voy a terminar con toda mi biblioteca en la web, pero vamos de poco. Les dejo un clásico, no tan clásico, aún así, el inicio de una buena amistad con esta escritora. ¡Disfruten!

***

Vampire Academy

Obligados a protegerse continuamente de las mortales amenazas de los strigoi (los vampiros más violentos y peligrosos, los únicos que nunca mueren), los dhampir no pueden enamorarse. Son exclusivamente guardianes. Esto se convierte en un problema para Rose cuando descubre que su tutor en la academia de vampiros va a ser Dimitri, por quien se siente más que atraída. El único rival a su medida en la academia es también el único que puede ayudarla a salvar a su mejor amiga.

No bajes nunca la guardia cuando el destino depende de ti.

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Traducido en Purple Rose

Segundo Capítulo de Moonsong — The Hunters — The Vampire Diaries (L. J. Smith)

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2

Traducido por Krispipe

Corregido por Nikola

Meredith sostuvo el medidor neumático firmemente contra la válvula de su neumático trasero derecho mientras lo chequeaba. La presión estaba bien. La presión de las cuatro ruedas estaba bien. El anticongelante, aceite, y líquidos de transmisión estaban todos llenos, la batería del coche era nueva, y el gato y la rueda de repuesto estaban en perfecta forma. Debería haberlo sabido. Sus padres no eran del tipo de no ir a trabajar para verla irse a la universidad. Ellos sabían que no necesitaba mimos, pero le habían demostrado su amor asegurándose de que todos los preparativos estuvieran hechos, que ella estaba a salvo y perfectamente preparada para cualquier cosa que pudiera suceder. Por supuesto, no le dirían que lo habían comprobado todo, sino que querrían que continuara protegiéndose a sí misma.

No había nada que tuviera que hacer ahora excepto irse. Lo cual era lo único que no quería hacer.

—Ven conmigo—dijo sin levantar la vista, menospreciando el débil temblor que oía en su propia voz—. Sólo por un par de semanas.

—Sabes que no puedo—dijo Alaric mientras pasaba la mano ligeramente por encima de su espalda—. No querría irme si voy contigo. Es mejor así. Tendrás la oportunidad de disfrutar de las primeras semanas de universidad igual que todos los demás estudiantes nuevos, sin nadie que te entretenga. Después iré y te visitaré pronto.

Meredith se volvió hacia él y lo encontró mirándola. Su boca tensa, sólo la más mínima contracción, y pudo ver que despedirse de nuevo, después de sólo unas pocas semanas juntos, era tan difícil para él como para ella.

Se inclinó y lo besó suavemente.

—Mejor que hubiera ido a Harvard—murmuró—. Mucho más cerca.

A medida que el verano había terminado, ella y Matt se habían dado cuenta que no podían dejar a sus amigos y dirigirse fuera del estado a la universidad a la que habían planeado. Todos habían pasado por muchas cosas juntos, y querían estar juntos, para protegerse entre sí, más de lo que querían ir a cualquier otro lugar.

Su hogar había sido casi destruido más de una vez, y sólo el chantaje de Elena a la Corte Celestial lo había restaurado y salvado a sus familias. No podían irse. No mientras fueran los únicos en pie contra la oscuridad de ahí fuera, la oscuridad que se establecería siempre por el Poder de las líneas mágicas que cruzaban el área alrededor de Fell´s Church. Dalcrest estaba lo suficientemente cerca para que fueran capaces de volver si el peligro amenazaba de nuevo.

Tenían que proteger su casa.

Así que Stefan había ido a las oficinas administrativas en Dalcrest y utilizado su mojo vampiro. De repente, Matt tenía la beca de fútbol para Dalcrest que había convertido a favor de Kent State de vuelta en la primavera, y Meredith estaba no simplemente en espera como un novato entrante sino que estaba ubicada en el mejor dormitorio triple con Bonnie y Elena. Lo sobrenatural los había salvado, para variar.

Sin embargo, ella había tenido que renunciar a un par de sueños para llegar aquí. Harvard. Alaric a su lado.

Meredith movió la cabeza. Esos sueños eran incompatibles, de todos modos. Alaric no podría haber ido a Harvard con ella. Alaric estaba aquí en Fell´s Church investigando sobre los orígenes de todas las cosas sobrenaturales que habían sucedido en la historia de la ciudad. Por suerte, Duke le estaba permitiendo contar este hacia su disertación sobre lo paranormal.

Y él sería capaz de controlar la ciudad del peligro al mismo tiempo. Ellos tendrían que estar separados, por ahora, sin importar a dónde Meredith optara por ir, pero al menos Dalcrest estaba a una distancia para ir manejando.

La piel de Alaric tenía un bronceado suave, y una dispersión de pecas doradas cruzaban sus pómulos. Sus rostros estaban tan cerca que ella podía sentir el calor de su aliento.

—¿Qué estás pensando?—Su voz era un murmullo.

—Tus pecas—dijo—. Son magníficas. —Entonces ella respiró hondo y se alejó—. Te amo—dijo Meredith, y luego se apresuró antes de que una ola de nostalgia pudiera abrumarla—, me tengo que ir —tomó una de sus maletas sentadas en el coche y la balanceó en el maletero.

—Yo también te amo—dijo Alaric, y cogió su mano y la apretó con fuerza por un momento, mirándola a los ojos. Luego la soltó y puso la última maleta en el maletero y cerró la puerta. Meredith lo besó, rápido y fuerte, y se apresuró al asiento del conductor. Una vez que estuvo sentada a salvo, el cinturón de seguridad puesto, el motor en marcha, se permitió mirarlo de nuevo.

—Adiós—dijo a través de la ventanilla abierta—. Te llamaré esta noche. Cada noche.

Alaric asintió con la cabeza. Sus ojos estaban tristes, pero él sonrió y levantó una mano en señal de despedida.

Meredith se retiró del camino con cuidado. Sus manos estaban a las diez y dos, y mantuvo los ojos en la carretera y la respiración constante. Sin ni siquiera mirara, sabía que Alaric estaba de pie en el camino, mirando su coche alejarse de su vista. Ella era una cazadora de vampiros, una estudiante estrella, y totalmente sensata en todas las situaciones.

No necesitaba llorar, después de todo, iba a ver a Alaric de nuevo. Pronto. Mientras tanto, iba a ser una verdadera Sulez: lista para cualquier cosa.

***

Dalcrest es hermoso, pensó Elena. Había estado aquí antes, por supuesto. Ella, Bonnie y Meredith habían manejado todo el camino hasta llegar a la Fiesta de la Fraternidad Junior un año, cuando Meredith había estado saliendo con un chico universitario. Y recordaba vagamente a sus padres trayéndola a un evento de la familia de ex-alumnos, cuando ella era pequeña.

Pero ahora que era parte de la escuela, ahora que sería su hogar durante los próximos cuatro años, todo se veía diferente.

—Muy elegante—comentó Damon cuando el coche pasó entre las grandes puertas doradas en la entrada de la escuela y siguió conduciendo junto los edificios de ladrillo de imitación Georgiana y mármol neoclásico—. Es decir, para América.

—Bueno, no todos podemos crecer en palacios italianos—respondió Elena distraídamente, muy consciente de la ligera presión del muslo de él junto al de ella. Estaba sentada en la parte delantera de la camioneta entre Stefan y Damon, y no había mucho espacio. Tener a ambos tan cerca era tremendamente molesto.

Damon rodó sus ojos y le dijo a Stefan: —Bueno, si tienes que jugar a ser humano y asistir a la universidad otra vez, hermanito, por lo menos no elegiste un lugar demasiado horrible. Y, por supuesto, la compañía compensará cada inconveniente—añadió galantemente con una mirada a Elena—. Pero sigo pensando que es una pérdida de tiempo.

—Y sin embargo, aquí estás—dijo Elena.

—Sólo estoy aquí para mantenerte fuera de problemas—replicó Damon.

—Vas a tener que disculpar a Damon —dijo Stefan a Elena suavemente—. No lo entiendo. Fue expulsado de la Universidad en los viejos tiempos.

Damon se rió. —Pero me divertí mucho mientras estuve allí—dijo—. Hubo toda clase de placeres que un hombre podía tener en la universidad. Me imagino que las cosas han cambiado un poco, sin embargo.

Ellos estaban pinchándose el uno al otro, Elena lo sabía, pero no había ese borde duro y amargo que solían usar en sus peleas. Damon estaba sonriendo por encima de su cabeza a Stefan con un afecto irónico, y los dedos de Stefan estaban sueltos y relajados en el volante.

Puso una mano sobre la rodilla de Stefan y la apretó. Damon se puso tensó al lado de ella, pero cuando lo miró, él estaba mirando a través del parabrisas, su cara neutra. Elena quitó su mano de la rodilla de Stefan. Lo último que quería hacer era alterar el delicado equilibrio entre ellos tres.

—Aquí estamos—dijo Stefan, arrancando una enredadera del edificio—. La casa Pruitt.

La residencia se alzaba por encima de ellos, un edificio de ladrillo alto con una torreta de un lado, las ventanas brillaban en el sol de la tarde.

—Se supone que es la mejor residencia en el campus—dijo Elena.

Damon abrió la puerta y salió rápidamente, luego se dio la vuelta y le dio a Stefan una larga mirada—. La mejor residencia del campus, ¿verdad? ¿Has estado usando tus poderes de persuasión para beneficio personal, joven Stefan?—sacudió la cabeza—. Tu moral se está desintegrando.

Stefan salió por su propio lado y se giró para dar a Elena una mano cortés. —Es  posible que finalmente se me esté pegando—le dijo a Damon, sus labios temblaban ligeramente con diversión—. Estoy en la torre en una habitación simple. Hay balcón.

—Qué bueno para ti—dijo Damon, sus ojos moviéndose rápidamente entre ellos—. ¿Este es un dormitorio para chicos y chicas, entonces? Los pecados del mundo moderno. —Su cara se quedó pensativa por un momento y luego dio una sonrisa brillante y empezó a sacar el equipaje del maletero.

Le había parecido casi solitario a Elena por un segundo, lo cual era ridículo, Damon no estaba sólo nunca, pero esa fugaz impresión fue suficiente para hacerle decir impetuosamente: —Puedes venir a la universidad con nosotros, Damon. No es demasiado tarde. Podrías vivir en el campus con nosotros.

Sintió a Stefan congelarse. Luego él tomo una respiración lenta y se deslizó junto a Damon, alcanzando una pila de cajas. —Puedes —dijo tranquilamente—. Podría ser más divertido de lo que piensas intentar la universidad otra vez, Damon.

Damon sacudió la cabeza, burlándose. —No, gracias. Dejé la academia hace varios siglos. Seré mucho más feliz en mi nuevo apartamento en la ciudad, donde puedo mantener un ojo en ti sin tener que vivir a lo pobre con los estudiantes.

Él y Stefan se sonrieron el uno al otro con lo que parecía perfecta comprensión. Bien, pensó Elena, con una curiosa mezcla de alivio y decepción. Ella no había visto el nuevo apartamento aún, pero Stefan le había asegurado que Damon estaría, como siempre, viviendo en el regazo del lujo, por lo menos tanto como la ciudad más cercana pudiera ofrecer.

—Vamos, chicos—dijo Damon, recogiendo varias maletas sin esfuerzo y dirigiéndose hacia la residencia. Stefan alzó su torre de cajas y le siguió.

Elena cogió una de las cajas y los siguió, admirando su gracia natural, su fuerza y elegancia. A medida que  pasó unas cuantas puertas abiertas, oyó a una chica simular un aullido, luego se rió con su compañera de cuarto. Una caja enorme de la pila de Stefan se inclinó mientas él empezó a subir las escaleras, y Damon la atrapó con facilidad a pesar de las maletas. Stefan le dio un guiñó casual de agradecimiento.

Habían pasado siglos como enemigos. Se habían matado el uno al otro, una vez. Cientos de años odiándose uno al otro, unidos por la miseria, los celos y la tristeza. Katherine les había hecho eso, tratando de tenerlos a ambos cuando cada uno la quería sólo a ella.

Todo era diferente ahora. Habían llegado muy lejos. Desde que Damon había muerto y regresado, desde que habían luchado y derrotado al fantasma de los celos, habían llegado a ser socios. Había un reconocimiento implícito de que iban a trabajar juntos para proteger a un pequeño grupo de seres humanos.

Más que eso, había un cauteloso, pero muy real, afecto entre ellos. Confiaban el uno en el otro, sentirían perderse uno al otro de nuevo. No hablaban de ello, pero ella sabía era verdad.

Elena cerró los ojos por un segundo. Sabía que ambos la amaban. Los dos sabían que ella los amaba.Aunque, corrigió su mente conscientemente, Stefan es mi verdadero amor. Pero algo más en ella, esa pantera imaginaria, se estiró y sonrió. Pero Damon, mi Damon…

Sacudió la cabeza. No podía separarlos. No podía permitir que se pelearan por ella. No haría lo que Katherine había hecho. Si llegara el momento de elegir, elegiría a Stefan. Por supuesto.

¿Lo harías? La pantera ronroneó con pereza, Elena trató de impulsar el pensamiento fuera. Todo podía colapsar tan fácilmente. Y dependía de ella asegurarse de que no volviera a suceder.

Primer Capítulo de Moonsong — The Hunters — The Vampire Diaries (L. J. Smith)

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1

Traducido por Krispipe

Corregido por Nikola

Querido Diario:

Estoy muy asustada.

Mi corazón late con fuerza, mi boca está seca y mis manos están temblando. He enfrentado mucho y sobrevivido: vampiros, hombres lobo, fantasmas. Cosas que nunca imaginé que fueran reales. Y ahora estoy aterrada. ¿Por qué?

Simplemente porque me voy de casa.

Y sé que todo esto es completa y locamente ridículo. Apenas me estoy yendo de casa, realmente. Estoy yendo a la universidad, sólo a pocas horas conduciendo de esta querida casa donde he vivido desde que era un bebé.

No, no voy a empezar a llorar otra vez. Voy a estar compartiendo habitación con Bonnie y Meredith, mis dos mejores amigas en el mundo entero. En la misma residencia, sólo a un par de pisos de distancia va a estar mi amado Stefan. Mi otro mejor amigo, Matt, estará a sólo un paseo por el campus. Incluso Damon estará en un apartamento en el pueblo cercano.

Honestamente, no podía quedarme más cerca de casa a menos que no me moviera en absoluto de esta casa. Estoy siendo un ejemplo de cobarde. Pero parece que acabo de conseguir mi vuelta a casa, mi familia, mi vida, después de estar exiliada durante tanto tiempo, y ahora de repente tengo que salir de nuevo.

Supongo que estoy asustada en parte porque estas últimas semanas del verano han sido maravillosas. Nos llenamos de todo el placer que hubiéramos tenido estos últimos meses, si no hubiéramos estado luchando contra los kitsune, viajando por la Dimensión Oscura, luchando con el fantasma de los celos, y todos las demás cosas extremadamente no divertidas que hemos hecho, en tres gloriosas semanas. Tuvimos picnics y comidas campestres y fuimos a nadar y de compras. Hicimos un viaje a la feria del condado, donde Matt ganó para Bonnie un tigre de peluche y se volvió de color rojo brillante cuando ella chilló y saltó a sus brazos. Stefan incluso me besó mientras estábamos sentados en la parte superior de la noria, igual que cualquier chico normal podría besar a su novia en una hermosa noche de verano.

Estábamos muy felices. Normales en una manera que pensaba que nunca podría volver a serlo.

Eso es lo que me asusta, me imagino. Tengo miedo de que estas semanas hayan sido un intermedio brillante y dorado y ahora que las cosas están cambiando, regresemos de nuevo a la oscuridad y el horror. Es como dice aquel poema que leímos en clase de inglés el otoño pasado: Nada dorado puede permanecer. No para mí.

Incluso Damon…

El ruido de pies en el piso de abajo la distrajo, y la pluma de Elena Gilbert se desaceleró. Ella levantó la vista hacia el último par de cajas esparcidas por la habitación.

Stefan y Damon deben estar aquí para recogerla. Pero quería terminar su pensamiento, expresar la última preocupación que la había estado molestando durante estas semanas perfectas. Se volvió hacia su diario, escribiendo más rápido para que pudiera recoger sus pensamientos antes de tener que irse.

Damon ha cambiado. Desde que derrotamos al fantasma de los celos, él ha estado… más amable. No sólo conmigo, no sólo con Bonnie, con quien siempre ha tenido un punto suave, sino también con Matt y Meredith. Todavía puede ser intensamente irritante e imprevisible, sino no sería Damon, pero no tiene ese borde cruel. No como antes.

Él y Stefan parecen haber llegado a un entendimiento. Saben que los amo a ambos, y sin embargo, no han permitido que los celos se interpongan entre ellos.

Son cercanos, actuando como verdaderos hermanos de una manera que no he visto antes. Hay un delicado equilibrio entre nosotros tres que ha durado el final del verano. Y me preocupa que cualquier paso en falso de mi parte lo haga derrumbarse y al igual que su primer amor, Katherine, separe a los hermanos. Y entonces perderemos a Damon para siempre.

Tía Judith llamó en tono impaciente. —¡Elena!

—¡Voy! —respondió Elena. Rápidamente garabateó unas cuantas oraciones más en su diario.

Aún así, es posible que esta nueva vida sea maravillosa. Tal vez encuentre todo lo que he estado buscando. No puedo aferrarme a la escuela secundaria, o a mi vida aquí en casa, para siempre. Y, ¿quién sabe? Tal vez lo dorado pueda permanecer.

—¡Elena! ¡Tu transporte está esperando!

Tía Judith estaba sin duda estresándose ahora. Ella había querido conducir a Elena hasta la escuela ella misma.

Pero Elena sabía que no sería capaz de despedirse de su familia sin llorar, por lo que le había pedido a Stefan y Damon que la llevaran en su lugar. Sería menos embarazoso ponerse emocional aquí en casa que llorar en todo el campus de Dalcrest. Desde que Elena había decidido ir con los hermanos Salvatore, tía Judith había estado trabajando en cada pequeño detalle, ansiosa de que la carrera de Elena en la universidad podía no comenzar perfectamente sin ella allí para supervisar. Todo era porque la tía Judith la amaba, Elena lo sabía.

Elena cerró el diario azul cubierto de terciopelo y lo dejó caer en una caja abierta. Se puso en pié y se dirigió a la puerta, pero antes de abrirla, se volvió para mirar su habitación por última vez.

Estaba tan vacía, con sus posters favoritos desaparecidos de las paredes y la mitad de sus libros sacados de su estantería. Sólo un poco de ropa se mantenía en su cómoda y armario. El mobiliario estaba todavía en su lugar. Pero ahora que la habitación estaba despojada de la mayor parte de sus posesiones, se sentía más como una habitación de hotel impersonal que el refugio acogedor de su infancia.

Habían pasado muchas cosas aquí. Elena podía recordar acurrucarse con su padre en el asiento para leer de la ventana juntos cuando era una niña. Ella y Bonnie y Meredith, y Caroline, que había sido su buena amiga, también, una vez, habían pasado por lo menos cien noches contando secretos, estudiando, vistiéndose para el baile y simplemente pasando el rato. Stefan la había besado aquí, por la mañana temprano, y desapareció rápidamente cuando la tía Judith llegó a despertarla. Elena recordó la sonrisa cruel, triunfante de Damon cuando lo invitó la primera vez, lo que parecía hace un millón de años. Y, no hace mucho tiempo, su alegría cuando había aparecido aquí una oscura noche, después de que todos pensaban que estaba muerto.

Se oyó un silencioso golpe en la puerta, y se abrió. Stefan estaba en el umbral, mirándola.

—¿Lista? —dijo—. Tu tía está un poco preocupada. Piensa que no vas a tener tiempo para desempacar antes de la orientación si no nos vamos.

Elena se levantó y se acercó a envolver sus brazos alrededor de él. Él olía a limpio y madera, y puso la cabeza en su hombro.

—Ya voy —dijo—. Es difícil decir adiós, ¿sabes? Todo está cambiando.

Stefan se volvió hacia ella y atrapó su boca suavemente en un beso.

—Lo sé —dijo cuando terminó el beso, y pasó el dedo suavemente a lo largo de la curva de su labio inferior—. Llevaré esas cajas abajo y te daré unos minutos más. Tía Judith se sentirá mejor si ve el camión recibiendo las maletas.

—Está bien. Enseguida bajo.

Stefan salió de la habitación con las cajas, y Elena suspiró, mirando a su alrededor otra vez. Las azules y floreadas cortinas que su madre había hecho para ella cuando Elena tenía nueve años todavía se cernían sobre las ventanas. Recordó a su madre abrazándola, sus ojos un poco llorosos, cuando su niñita le dijo que era demasiado grande para las cortinas de Winnie Pooh.

Los propios ojos de Elena se llenaron de lágrimas, y se metió el cabello detrás de las orejas, reflejando el gesto que su madre utilizaba cuando estaba pensado mucho. Elena era muy joven cuando sus padres murieron. Tal vez si hubieran vivido, ella y su madre serían amigas ahora, podrían conocerse como iguales, no sólo como madre e hija.

Sus padres habían ido a la universidad de Dalcrest, también. Allí es donde se habían conocido, en realidad. En la planta baja sentada en la parte superior del piano había una imagen de ellos en sus trajes de graduación sobre el césped soleado en frente de la biblioteca de Dalcrest, riendo, increíblemente jóvenes.

Tal vez ir a Dalcrest llevaría a Elena más cerca de ellos. Tal vez aprendería más sobre las personas que ellos habían sido, no sólo la mamá y el papá que había conocido cuando era pequeña, y encontraría a su familia perdida entre los edificios neoclásicos y los jardines verde profundo de la universidad.

No se iba, en realidad no. Se movía hacia delante.

Elena apretó la mandíbula con firmeza y salió de su habitación, apagó la luz cuando se fue.

En la planta baja, tía Judith, su marido, Robert y la hermana de Elena de cinco años, Margaret, estaban reunidos en el pasillo, esperando, mirando a Elena mientras bajaba las escaleras.

Tía Judith estaba inquieta, por supuesto. No podía evitarlo aún; sus manos se estaban torciendo juntas, alisando su pelo o jugando con sus pendientes.

—Elena —dijo—, ¿estás segura de que has empacado todo lo que necesitas? Hay tantas cosas que recordar —frunció el ceño.

La ansiedad obvia de su tía hizo más fácil para Elena sonreír tranquilizadora y abrazarla. Tía Judith la abrazó con fuerza, relajándose por un momento, y sorbió por la nariz. —Te voy a echar de menos, cariño.

—Yo también te echaré de menos —dijo Elena, y apretó a tía Judith cerca, sintiendo temblar sus propios labios. Dio una risa temblorosa—. Pero volveré. Si me olvido de algo o si tengo nostalgia, volveré de vuelta para un fin de semana. No tengo que esperar a acción de gracias.

Junto a ellas, Robert pasó de un pie al otro y se aclaró la garganta. Elena soltó a la tía Judith y se volvió hacia él.

—Ahora, sé que los estudiantes universitarios tienen un montón de gastos —dijo—. Y no queremos que tengas que preocuparte por el dinero, así que tienes una cuenta en la tienda estudiantil, pero… —abrió su cartera y le entregó a Elena un puñado de billetes—. Por si acaso.

—Oh —dijo Elena, conmovida y un poco nerviosa—. Gracias, Robert, pero en realidad no tienes que hacerlo.

Él le dio una palmadita en el hombro torpemente. —Queremos que tengas todo lo que necesites —dijo con firmeza. Elena le sonrió con gratitud, dobló el dinero, y lo puso en su bolsillo.

Junto a Robert, Margaret fulminaba con la mirada obstinadamente hacia sus zapatos. Elena se arrodilló ante ella y tomó las manos de su hermanita.

—¿Margaret? —solicitó.

Sus grandes ojos azules la miraron. Margaret frunció el ceño y sacudió la cabeza, su boca en una delgada línea.

—Voy a echarte mucho de menos, Meggie —dijo Elena, atrayéndola hacia sí, con los ojos llenos de lágrimas. El suave pelo de diente de león de su hermana pequeña rozó la mejilla de Elena—. Pero voy a estar de vuelta para acción de gracias, y tal vez puedas venir a visitarme al campus. Me gustaría mostrar mi hermanita a todos mis nuevos amigos.

Margaret tragó saliva. —No quiero que te vayas —dijo en una pequeña voz triste—. Siempre te estás yendo.

—Oh, cariño —dijo Elena impotente, abrazando a su hermana más cerca—. Siempre vuelvo, ¿no?

Margaret recordaba lo que había sucedido realmente en Fell´s Church en el último año. Los Guardianes se habían comprometido a cambiar los recuerdos de cada uno de esos meses oscuros en que los vampiros, hombres lobo, y kitsune casi habían destruido la ciudad, y cuando Elena había muerto y resucitado, pero parecía haber excepciones. Caleb Smallwood recordaba, y a veces la cara de inocencia de Margaret parecía extrañamente saber.

—Elena —dijo tía Judith de nuevo, su voz espesa y llorosa—, es mejor que te vayas.

Elena abrazó a su hermana una vez más antes de marchar. —Está bien —dijo, poniéndose de pie y recogiendo su bolso.

—Llamaré esta noche y les haré saber cómo me estoy acomodando.

Tía Judith asintió con la cabeza, y Elena le dio otro rápido beso antes de limpiarse los ojos y abrir la puerta principal.

Damon y Stefan estaban apoyados contra la camioneta que Stefan había alquilado, sus cosas empaquetadas en la parte posterior. Mientras ella daba un paso adelante, ambos levantaron la mirada y, al mismo tiempo, le sonrieron.

Oh. Eran tan hermosos, ambos, que al verlos todavía se agitaba después de tanto tiempo. Stefan, su amor Stefan, sus ojos verde hoja brillando al verla, era precioso con su perfil clásico y esa dulce y besable pequeña curva en su labio inferior.

Y Damon, todo piel pálida luminiscente, ojos de terciopelo negro, y pelo de seda, era elegante y mortal a la vez.

La brillante sonrisa de Damon hacía algo en su interior que se extendía y ronroneaba como una pantera reconociendo a su compañero.

Ambos pares de ojos la miraban con amor, posesivamente.

Los hermanos Salvatore eran suyos ahora. ¿Qué iba a hacer ella al respecto? El pensamiento le hizo fruncir el ceño y la hizo tener una corazonada nerviosamente. Luego, conscientemente alisó las arrugas de su frente, relajándose, y les devolvió la sonrisa. Lo que vendría, vendría.

—Es hora de irnos —dijo, e inclinó su rostro hacia el sol.


2.- Shadows — Saga Lux (Jennifer L. Armentrout)

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Lo último que Dawson Black esperaba era Bethany Williams. Como un Luxen, una forma de vida alienígena en la Tierra, las chicas humanas eran… bueno, divertidas. Pero dado que los Luxen debían mantener sus verdaderas identidades en secreto, enamorarse sería una locura. Peligroso. Tentador. Innegable.Bethany no puede negar la inmediata conexión entre ella y Dawson. Y a pesar que los chicos son una complicación que no quiere, no puede estar lejos de él. Sin embargo, cada vez que cierra los ojos piensa en él. Cautivador. Atractivo. Encantador.Dawson guarda un secreto que podría cambiar su existencia… y poner su vida en peligro. Pero ni siquiera él puede dejar de arriesgar todo por una chica humana. O de un destino tan inevitable como su amor.

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